Articulación sacroilíaca
Nuestro caso es el de una paciente de 60 años de edad con HLA B27 positivo que padecía dolor inflamatorio de espalda y talón desde hacía 10 años. Aunque no se observó sacroileítis ni en la resonancia magnética ni en la radiografía de pelvis, en las radiografías se observaron todos los posibles hallazgos radiográficos de espondilitis axial y entesopatía, incluida la espina de bambú y el signo de la vía del carro. Así pues, destacamos las dificultades diagnósticas. (Turk J Rheumatol 2009; 24: 166-9)
Los pacientes que no muestran sacroileítis a pesar de padecer dolor lumbar inflamatorio (DIL) de larga evolución y presentar marcados hallazgos radiográficos de espondilitis axial no son muy frecuentes en la literatura. Presentamos aquí un caso de espondiloartritis axial HLA B27 positivo con espondilitis radiográfica evidente y entesopatías sin sacroileítis.
Una paciente de 60 años acudió a nuestra consulta quejándose de dolor de espalda desde hacía 10 años. Nos enteramos de que su dolor aumentaba con el reposo y disminuía con el movimiento. También tenía antecedentes de dolor bilateral en el talón y en las nalgas. Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos le proporcionaron beneficios temporales. Tenía rigidez matutina durante unas 2 horas.
Ejercicios conjuntos Si
La sacroileítis es una enfermedad dolorosa que afecta a una o ambas articulaciones sacroilíacas. Estas articulaciones se encuentran en el punto de unión entre la parte inferior de la columna vertebral y la pelvis. La sacroileítis puede causar dolor y rigidez en las nalgas o en la parte baja de la espalda, y el dolor puede bajar por una o ambas piernas. Estar de pie o sentado durante mucho tiempo o subir escaleras puede empeorar el dolor.
La sacroileítis puede ser difícil de diagnosticar. Puede confundirse con otras causas de lumbalgia. Se ha relacionado con un grupo de enfermedades que causan artritis inflamatoria de la columna vertebral. El tratamiento puede consistir en fisioterapia y medicamentos.
Las articulaciones sacroilíacas unen la pelvis y la parte inferior de la columna vertebral. Estas dos articulaciones están formadas por la estructura ósea situada sobre el coxis, conocida como sacro, y la parte superior de la pelvis, conocida como ilion. Las articulaciones sacroilíacas soportan el peso de la parte superior del cuerpo cuando se está de pie.
El dolor de la sacroileítis suele aparecer en las nalgas y la parte baja de la espalda. También puede afectar a las piernas, la ingle e incluso los pies. El dolor puede mejorar con el movimiento. Los siguientes factores pueden empeorar el dolor de la sacroileítis:
Liberación de la articulación Si
La sacroileítis suele formar parte de un conjunto de afecciones inflamatorias de la columna vertebral. Como grupo, estas afecciones y enfermedades se denominan “espondiloartropatías” e incluyen afecciones como la espondilitis anquilosante, la artritis psoriásica y la artritis reactiva, entre otras.
Sacroileítis es también un término que a veces se utiliza indistintamente con el término disfunción de la articulación sacroilíaca, ya que técnicamente cualquiera de los dos términos puede utilizarse para describir el dolor que proviene de la articulación sacroilíaca (o articulación SI).
Ensayo de juntas Si
La aplicación de calor o frío en la zona aliviará el dolor local. La aplicación de una compresa fría ayudará a reducir la inflamación de la zona. La aplicación de calor, como una almohadilla térmica o una bañera de hidromasaje, ayudará a estimular el flujo sanguíneo y aportará nutrientes curativos a la zona.
Cambiar la postura al dormir puede ayudar a aliviar el dolor mientras se duerme y al despertarse. Para la mayoría de los pacientes es mejor dormir de lado, con una almohada entre las rodillas para mantener las caderas alineadas.
Para muchos, los analgésicos de venta libre, como el paracetamol, y/o los antiinflamatorios, como el ibuprofeno, alivian suficientemente el dolor. Pueden recomendarse medicamentos con receta, como el tramadol (marca Ultram), o un tratamiento breve con analgésicos narcóticos, o relajantes musculares para ayudar a reducir los espasmos musculares dolorosos.
En caso de dolor intenso, puede recomendarse una inyección en la articulación sacroilíaca, tanto para confirmar que la articulación sacroilíaca es el origen del dolor como para introducir la medicación antiinflamatoria directamente en la articulación. La inyección se realiza con guía fluoroscópica, que es un tipo de radiografía en directo, para garantizar la correcta colocación de la aguja en la articulación. La inyección suele incluir un agente anestésico, como la lidocaína, y un esteroide, que es un potente antiinflamatorio.
















