Articulación tibiofibular

La articulación de la rodilla es una articulación sinovial uniaxial* con bisagra modificada. Es la articulación sinovial más grande del cuerpo. La articulación de la rodilla consta de dos articulaciones entre el muslo y la pierna, una entre los cóndilos del fémur y la tibia y otra entre la rótula y la superficie rotuliana del fémur. Teniendo esto en cuenta, a menudo se considera que tiene componentes tibiofemorales y patelofemorales.

La rodilla se estabiliza aún más en extensión completa gracias a un “mecanismo de bloqueo”. La rodilla se bloquea en extensión completa mediante una ligera rotación medial del fémur sobre la tibia en los últimos 10° de extensión. Esto tensa todos los ligamentos en preparación para el soporte de peso.

La rotura de los ligamentos cruzados suele producirse como resultado de una fuerza anterior o posterior intensa sobre la articulación de la rodilla. El ligamento cruzado anterior (LCA) es uno de los ligamentos de la rodilla que se lesionan con más frecuencia en los deportistas. Suele producirse como resultado de una torsión de la rodilla que provoca un estiramiento excesivo o un desgarro del LCA.

¿Es la articulación tibiofemoral la articulación de la rodilla?

La parte principal de la articulación de la rodilla que soporta el peso está formada por la articulación entre la tibia y el fémur. Se denomina articulación tibiofemoral.

¿Cuál es el término médico para la articulación de la rodilla?

Articulación de la rodilla (Articulatio genu) La articulación de la rodilla es una articulación sinovial que une tres huesos: el fémur, la tibia y la rótula. Es una articulación de bisagra compleja compuesta por dos articulaciones: la articulación tibiofemoral y la articulación patelofemoral.

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¿Qué tipo de articulación es la rodilla?

La articulación de la rodilla es una articulación en bisagra, lo que significa que permite a la pierna extenderse y doblarse hacia delante y hacia atrás con un movimiento mínimo de lado a lado. Está formada por huesos, cartílagos, ligamentos, tendones y otros tejidos.

Cápsula articular de la rodilla

La articulación de la rodilla se compone de dos partes. La parte de la rodilla situada entre el extremo del hueso del muslo (fémur) y la parte superior del hueso de la espinilla (tibia) se denomina articulación tibiofemoral. La articulación patelofemoral se encuentra entre el extremo del hueso del muslo (fémur) y la rótula (patela).

La articulación de la rodilla está rodeada de líquido sinovial que la mantiene lubricada. Los huesos están cubiertos por una superficie articular lisa que les permite deslizarse suavemente entre sí sin fricción. Si la superficie articular se daña por el desgaste o por una lesión de rodilla, puede aparecer la artritis.

Se encuentran en el interior de la articulación de la rodilla. Se cruzan entre sí formando una “X” con el ligamento cruzado anterior delante y el ligamento cruzado posterior detrás. Los ligamentos cruzados controlan el movimiento hacia delante y hacia atrás de la rodilla.

Se encuentran a los lados de la rodilla. El ligamento colateral medial o “interno” (LCM) conecta el fémur con la tibia. El ligamento colateral lateral o “externo” (LCL) conecta el fémur con el hueso más pequeño de la parte inferior de la pierna (peroné). Los ligamentos colaterales controlan el movimiento lateral de la rodilla y la sujetan contra movimientos inusuales.

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Articulación talocrural

Se ha sugerido que las variaciones individuales en la anatomía de la articulación de la rodilla afectan a la capacidad de compensar funcionalmente la insuficiencia del LCA o aumentan el riesgo de lesión del LCA. Estas variaciones incluyen la inclinación tibial posterior, la concavidad de la meseta tibial medial, la convexidad de la meseta tibial lateral y la configuración de los cóndilos femorales.

Este estudio anatómico investiga si existe una correlación entre la geometría de la superficie individual de la articulación femorotibial y la morfometría del LCA. Se partió de la base de que estos datos aportarían pruebas de si la estabilidad funcional de una rodilla con LCA insuficiente puede derivarse o no de su geometría superficial radiográfica. Se utilizaron técnicas de medición estandarizadas para analizar la geometría de la superficie de 68 rodillas de cadáveres humanos. Los datos se correlacionaron con el área transversal, el área de inserción y la posición de la huella del LCA y sus haces funcionales.

El análisis reveló que existía una correlación significativa, aunque débil, entre el área femoral y tibial de inserción del LCA y la profundidad de los cóndilos femorales medial y lateral. No se encontró ninguna correlación entre la geometría de la superficie de la articulación femorotibial y el área transversal del LCA. Los resultados de este estudio anatómico sugieren que la relación entre las superficies articulares y la morfometría del LCA depende principalmente del tamaño de la articulación de la rodilla.

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Anatomía de la articulación de la rodilla

La rodilla es la articulación más grande del cuerpo. Es una articulación sinovial compuesta que consta de la articulación tibiofemoral y la articulación patelofemoral. Sirve principalmente como articulación de bisagra que permite la flexión y la extensión, así como otros movimientos. Une la parte inferior de la pierna y el muslo bilateralmente y es un componente esencial de los movimientos bípedos eficientes como caminar, correr y saltar. La función anatómica y la estabilidad de la rodilla dependen de músculos, huesos, ligamentos, cartílagos, tejido sinovial, líquido sinovial y otros tejidos conjuntivos. Los 4 ligamentos estabilizadores principales de la rodilla son el cruzado anterior (LCA), el cruzado posterior (LCP), el colateral medial (LCM) y el colateral lateral (LCL). El LCA se une al cóndilo lateral del fémur y a la eminencia intercondílea de la tibia y su función es impedir la traslación anterior de la tibia sobre el fémur. El LCP se une al cóndilo medial del fémur y a la zona intercondilar posterior de la tibia y su función es evitar el desplazamiento hacia delante del fémur sobre la tibia.