Tibia

Observe la estructura más prominente del cúbito: el olécranon. Es el punto de unión de los músculos extensores de la articulación del codo y puede palparse fácilmente a través de la piel. Una vez localizado el olécranon, es posible seguir todo el hueso palpando su superficie posterior hasta la apófisis estiloides.

La articulación del codo es la más compleja, ya que incluye tres huesos encerrados en una cápsula. La articulación entre el húmero y el cúbito proporciona la flexión y extensión del antebrazo, pero la rotación axial del radio es la base del movimiento de pronación-supinación.

Hueso clave

El nervio cubital es uno de los tres nervios principales del brazo. Va desde el cuello hasta la mano y puede comprimirse en varios lugares, como debajo de la clavícula o en la muñeca. El lugar más habitual de compresión del nervio es detrás de la parte interior del codo. La compresión del nervio cubital en el codo se denomina síndrome del túnel cubital.

El entumecimiento y hormigueo en la mano y los dedos son síntomas frecuentes del síndrome del túnel cubital. En la mayoría de los casos, los síntomas pueden controlarse con tratamientos no quirúrgicos, como cambios en las actividades y corsés ortopédicos. Si los métodos no quirúrgicos no mejoran los síntomas, o si la compresión del nervio causa debilidad muscular o lesiones en la mano, el médico puede recomendar una intervención quirúrgica.

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En el codo, el nervio cubital atraviesa un túnel de tejido (el túnel cubital) que discurre por debajo de una protuberancia ósea en la parte interior del codo. Esta protuberancia ósea se denomina epicóndilo medial. El punto por el que el nervio pasa por debajo del epicóndilo medial se conoce comúnmente como “hueso de la risa”. En el hueso de la risa, el nervio está cerca de la piel, y al golpearlo se produce una sensación parecida a una descarga.

Huesos carpianos

Las fracturas del antebrazo pueden producirse a distintos niveles: cerca de la muñeca, en el extremo más alejado (distal) del hueso, en el centro del antebrazo o cerca del codo, en el extremo superior (proximal) del hueso. Pueden producirse por un golpe directo (una caída sobre el antebrazo o el impacto directo de un objeto) o por una lesión indirecta. Esta última suele ser secundaria a la caída sobre un brazo extendido.

Una fractura estable, simple y aislada del cúbito (secundaria a un golpe directo) puede tratarse con una escayola durante unas cuatro a seis semanas. Su médico seguirá de cerca su evolución con radiografías para asegurarse de que la fractura no se desplaza y de que el hueso cicatriza correctamente. Durante este tiempo, no se permite levantar ni cargar peso.

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Tras la retirada de la escayola, comenzará la fisioterapia con ejercicios específicos para recuperar la amplitud de movimiento completa del codo y la muñeca y la rotación del antebrazo. Su médico le permitirá levantar pesos cada vez más en función de cómo vaya curando la fractura.

La cirugía se realiza en la mayoría de los casos de antebrazo y suele llevarse a cabo a través de una o dos incisiones a distintos niveles y lados del antebrazo. Las fracturas se reducen y se sujetan con placas y tornillos. Tras la operación, se le colocará una férula corta en el antebrazo para mayor comodidad y protección. No podrá levantar peso durante las seis semanas siguientes a la intervención.

Radio cúbito

Las fracturas de radio y cúbito, también denominadas fracturas de ambos huesos del antebrazo, son las terceras fracturas más frecuentes en la población pediátrica, y representan entre el 13% y el 40% de todas las fracturas pediátricas.1,2 A pesar del aumento del uso de clavos intramedulares elásticos estables (ESIN), muchas de estas fracturas se tratan mediante reducción cerrada y escayola debido al alto potencial de remodelación en los niños.3 Se recomienda la intervención quirúrgica mediante ESIN o placas si la reducción manual no consigue una alineación ósea adecuada.4

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La parálisis del nervio cubital es una complicación poco frecuente de las fracturas cerradas del antebrazo. Puede ser el resultado de la lesión inicial, del atrapamiento del nervio entre los fragmentos óseos tras la reducción o del atrapamiento posterior por el tejido cicatricial. El tipo de lesión nerviosa es un factor importante para determinar el tipo de tratamiento. En la literatura se han descrito 14 casos de este tipo (Tabla 1). Aquí presentamos un caso de parálisis del nervio cubital que complicó una fractura cerrada de ambos huesos del antebrazo en un paciente pediátrico. Este caso clínico se ha redactado de acuerdo con los criterios SCARE publicados recientemente, ya que se utilizan para respaldar la transparencia y la precisión en la publicación de casos clínicos.5 Tabla 1 Resumen de los casos notificados de parálisis del nervio cubital tras una fractura cerrada de ambos huesos del antebrazo