Edulcorantes – La Paradoja

Edulcorantes – La Paradoja

EDULCORANTES – Salvarnos o Complicarnos la Vida

 

¿Qué son los edulcorantes?

Los edulcorantes (sacarina, aspartamo, sucralosa, estevia,…) son sustancias no nutritivas (no aportan calorías) que dan un sabor dulce a los alimentos o productos comestibles. Se emplean ampliamente en la industria alimentaria para reducir el contenido en azúcares de sus productos, sobre todo en los refrescos. Este uso está motivado por la demanda cada día mayor de “productos light”, especialmente por las personas con problemas de peso, así como la esperanza de parte de los profesionales de la salud de que nos ayudarían a conseguir mejor control del azúcar en sangre en personas con enfermedades metabólicas como la diabetes.

En los últimos años, algunos estudios han relacionado el consumo prolongado de los edulcorantes con ganancia ponderal y obesidad así como mayor riesgo de alteraciones metabólicas y riesgo cardiovascular.

Cambios provocados por los edulcorantes

En 2017, un grupo de autores realizó una revisión de 37 estudios sobre los edulcorantes. Los únicos estudios que demostraron una pérdida de peso corporal con el uso de edulcorantes fueron los financiados por los fabricantes de dichos edulcorantes. Los estudios independientes no encontraron ningún efecto. De hecho, se observó en los estudio observacionales un modesto aumento en el peso corporal y un aumento en el riesgo de diabetes mellitus tipo 2 y de enfermedades cardiovasculares. Aunque el diseño de los estudios no ha sido perfecto, la conclusión que se puede extraer de estos hallazgos es que es necesario ejercer precaución con el uso de los edulcorantes.

Los edulcorantes y la microbiota intestinal

Por otro lado, la microbiota intestinal (o flora intestinal) ha sido objeto de intensa investigación en los últimos años y se ha visto que juega un papel fundamental en la salud de la persona. Los trillones de bacterias que forman la microbiota intestinal producen innumerables enzimas que digieren alimentos que nosotros somos incapaces de digerir y nos proporciona nutrientes esenciales. Aunque la microbiota varía considerablemente entre individuos, se ha visto que todas las personas sanas tienen una microbiota de base fundamentalmente igual, lo que indica la importancia de ciertas especies de bacterias en nuestro intestino para mantener nuestra salud.

Un estudio ha valorado el efecto de los edulcorantes sobre la microbiota intestinal. Se encontró que estas sustancias provocan una disrupción en el equilibrio y diversidad de la microbiota intestinal y que, experimentalmente, esto produce una alteración de la tolerancia a la glucosa. En otras palabras, esto significa que la alteración de la microbiota provoca niveles elevados de azúcar en la sangre – este es el primer signo del desarrollo de la diabetes, y es causado por la resistencia a la insulina. Además, se ha demostrado que señales bioquímicas de la microbiota pueden determinar cambios en el peso corporal y en la salud metabólica.

Por lo tanto, parece posible, o hasta probable, que la microbiota esté asociada con el desarrollo de obesidad, dislipidemia (alteraciones de las grasas en la sangre), resistencia a la insulina y la diabetes.

Varios estudios de 2014 y 2015 han demostrado que los edulcorantes producen cambios en la microbiota intestinal y que estas alteraciones están asociadas con intolerancia a la glucosa (un paso necesario para el desarrollo de la diabetes tipo 2).

Para complicar todavía más la situación:

Intestino inflamadoNo debemos olvidar que la microbiota intestinal juega un papel muy importante en la respuesta inmune intestinal. Es decir, las bacterias presentes en el intestino pueden hacer que el sistema inmune intestinal funcione correctamente o no. Alteraciones de la microbiota intestinal provocan una disfunción del sistema inmune del intestino que provoque lo que se llama una inflamación crónica de bajo grado (que trataré en otra entrada en el blog). Este tipo de inflamación es difícil de detectar con pruebas de laboratorio pero hay manifestaciones clínicas sugestivas que, asociadas con cambios relevantes pero no específicos en la analítica, nos permite hacer el diagnostico. La inflamación de bajo grado no produce enfermedades agudas, pero sí se ha asociado a lo largo con enfermedades crónicas como la diabetes, la artritis, la enfermedad coronaria y cardiovascular, y más.

Y a nivel cerebral, los edulcorantes envían señales de “comida dulce” (similar a las señales provocadas por una comida con azúcar) al cerebro mediante la estimulación de las papilas gustativas en la lengua. Cuando estas señales llegan al cerebro, éste estimula una secreción inapropiada de insulina. No se sabe todavía cuáles son las consecuencias de esta secreción inadecuada de insulina.

Edulcorantes¿Qué podemos hacer?

Respecto a los edulcorantes, se trata de no abusar. Aunque no se haya definido qué dosis nos provocan los cambios aquí descritos, pequeñas cantidades probablemente son seguras, sobre todo si el resto de la dieta es equilibrada y contiene una cantidad adecuada de hidratos de carbono y azúcares. Lo que no se debe hacer es abusar de los edulcorantes, utilizándolos en todo momento como método para perder o controlar el peso mediante la eliminación de azúcares.

Como médico nutricionista, yo veo estos hallazgos como evidencia de la necesidad de ejercer moderación en todo lo que consumimos. No hay evidencia suficiente para que tengamos que prohibir estas sustancias, pero sí hay duda suficiente como para limitar su ingesta a niveles bajos. Un refresco light ocasional o una sacarina en el café representa un uso racional de los edulcorantes. Pero usarlos como sustitutos de todos los azúcares que tomamos es, en mi opinión, un error que podría traer consecuencias todavía mal entendidas pero potencialmente graves.

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